A simple vista parecen pequeñas piscinas naturales escondidas entre la vegetación. El agua es transparente, el fondo está cubierto de arena clara y todo invita a meterse. Pero alcanza con entrar para entender por qué los fervedouros de Jalapão se convirtieron en uno de los grandes atractivos naturales de Brasil.
La experiencia tiene algo bastante particular: por más que lo intentes, resulta muy difícil hundirse.
No hay truco ni se trata de agua especialmente salada. Lo que sucede debajo de la superficie explica uno de los fenómenos más curiosos que se pueden experimentar durante un viaje por Brasil.
¿Qué son exactamente los fervedouros?
Los fervedouros son manantiales naturales alimentados por aguas subterráneas. En determinados puntos de Jalapão, el agua emerge desde el subsuelo con suficiente presión como para atravesar las capas de arena del fondo.
Esa fuerza ascendente genera el fenómeno conocido como surgencia. Cuando una persona entra, la presión del agua que brota desde abajo ayuda a mantener el cuerpo en la superficie y genera esa particular sensación de flotación.
El nombre también tiene una explicación bastante gráfica. Fervedouro deriva de ferver, “hervir” en portugués, porque la arena del fondo se mueve constantemente por la presión del agua y parece estar hirviendo. Pero el agua no está en ebullición.
Un fenómeno que se convirtió en símbolo de Jalapão
Para encontrarlos hay que viajar hasta Jalapão, en el estado de Tocantins, en el centro de Brasil. La región reúne dunas, sierras, ríos, cascadas y grandes extensiones de Cerrado, pero los fervedouros son probablemente su atractivo más particular.
Y no existe uno solo.
Los manantiales se distribuyen principalmente alrededor de localidades como Mateiros y São Félix do Tocantins, y cada uno tiene características diferentes. Cambian el tamaño, la vegetación que los rodea, el color del agua, la presión de la surgencia e incluso la intensidad con la que se experimenta la flotación. Documentos ambientales de la región destacan justamente que cada fervedouro posee condiciones propias y que se trata de ambientes especialmente frágiles.

Por eso, recorrer Jalapão permite conocer varios durante un mismo viaje sin sentir que se está repitiendo exactamente la misma experiencia.
Los fervedouros que vale la pena conocer
Uno de los nombres históricos del destino es el Fervedouro do Ceiça, en Mateiros. Sus aguas cristalinas surgen de una fuente subterránea y es uno de los atractivos naturales más conocidos de la región.
También aparece el Fervedouro Buritizinho, pequeño y rodeado de vegetación, y el Fervedouro das Macaúbas, otra de las opciones que pueden incorporarse a los recorridos por Mateiros.
En São Félix do Tocantins, el Fervedouro Bela Vista es otro de los nombres destacados y figura entre los principales atractivos turísticos del municipio. En la misma zona se encuentra el Fervedouro do Alecrim, que incluso ofrece la particularidad de contar con estructura para realizar baños nocturnos.
A ellos se suman otros como Buritis, Mumbuca, Encontro das Águas y Rio Sono. La cantidad de alternativas explica por qué los fervedouros terminaron formando parte esencial de prácticamente cualquier recorrido por Jalapão.
¿Cómo es bañarse en uno?
Probablemente esta sea la parte más difícil de explicar hasta experimentarla.
Al entrar, los pies se hunden ligeramente en la arena. Pero cuando intentás bajar el cuerpo, la presión del agua empuja en sentido contrario. El resultado es una flotación muy diferente a la de una pileta o el mar.
Además, muchos fervedouros están rodeados por vegetación de buritis y otras especies propias del Cerrado, creando pequeños espacios naturales bastante aislados del paisaje seco que domina buena parte de Jalapão.

La experiencia suele ser breve. Como son ambientes pequeños y sensibles, el acceso turístico está controlado y en muchos casos se limita la cantidad de visitantes que pueden ingresar simultáneamente.
Por qué es importante respetar las reglas
Hay una razón detrás de esas restricciones. Los fervedouros son ecosistemas extremadamente frágiles y vulnerables al impacto de las visitas, por lo que no deberían tratarse como una piscina convencional.
Las condiciones concretas de acceso pueden variar entre establecimientos, pero lo habitual es encontrar grupos reducidos, tiempos de permanencia determinados y reglas específicas para ingresar al agua.
Más que una limitación, ese sistema ayuda a que la experiencia siga siendo posible sin deteriorar aquello que justamente hace especial al lugar.
Los fervedouros son solo una parte del viaje, viajar hasta Jalapão únicamente por ellos sería quedarse con una parte de la historia.
La región también permite conocer las Dunas do Jalapão, la Cachoeira do Formiga, la Cachoeira da Velha, la Serra do Espírito Santo y comunidades como Mumbuca, conocida por su relación con la producción artesanal de capim dourado.

Por eso, los fervedouros suelen aparecer como paradas dentro de recorridos de varios días por Tocantins. Una jornada puede empezar entre dunas, continuar en una cascada y terminar flotando en uno de estos pequeños manantiales.
Y quizás ahí esté lo más interesante: no son simplemente piscinas naturales de agua transparente. Son un fenómeno geológico que prácticamente obliga a hacer lo contrario de lo que uno hace normalmente al meterse al agua: intentar hundirse.
En Jalapão, incluso eso puede resultar bastante difícil.